Soy extremista, lo sé.
Tuve lo que mi terapeuta llama "evento"; esta vez, con mi mamá. Estrujó mi corazón, por qué creyó encontrar la razón del por qué de mi aislamiento social. Lo que directamente me llevó a uno de los pensamientos automáticos:
"No confío nunca más en la gente". "Son unos hipócritas." Que no es normal destacar los defectos de alguien cuando discuten, menos aún cuando el emisor y el receptor han tenido las mismas actitudes e ideas extrañas.
El no confiar en nadie, el creer que es una opción para mi vida al 100%, es extremo.
Y luego de analizar la situación, en que no es una buena alternativa, en que en realidad ella si está conmigo, me acompaña y me escucha. Me hace tener la sensación de querer contarle sobre las cosas que hago en secreto. las sesiones terapéuticas son una de las cosas que hago a escondidas. Y el pretender contarle todo; también es extremo.
Todo o nada.
Mis amigos me quieren, no me quieren.
No es malo tener secretos. Hasta de pronto es parte de la esencia de una persona. Yo al menos, siento que es lo que me protege; hasta puedo decir, que me siento superior al resto sólo por tener estos secretillos.
Esta vez, sólo intentaré contarle una parte de la verdad.
1 comentario:
me gustó como desarrollaste la idea, es como un caminar agobiado y arrastrando los pies, pero avanzas y eso es lo importante, no quedarse pegado en los pensamientos, que es algo muy común para todos...
he vivido el pensamiento extremista, pero es algo condicionado por los sentimientos, y eso, a la larga no es muy útil, es mucho mejor el equilibrio y eso cuesta bastante, pero de a poco los péndulos se detienen, con el roce.
hay que tratar de pensar bien.
saludos
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