Después de tanto tiempo sin escuchar tu voz;
de llorar a escondidas y convencerme de que no eres para mí, apareces de pronto, de vuelta. Otra vez.
No me miras, no me hablas, no me abrazas ni me besas. Sólo me escribes y dices que quieres verme.
Las cosas así no funcionan darling, lo siento mucho.
Si alguna vez creíste que estoy dispuesta a degustar sobras de los demás, podré decirte, y tal vez, gritarte, que no es así.
Soy diferente al resto de las mujeres, por el sólo hecho de no interesarme por un hombre como lo haría cualquier mujer. Mi vida es mía y no tengo ganas de compartirla.
Estoy dispuesta a pasarlo bien, a degustar de otros labios y compartirlos en secreto. La diferencia estará en que yo voy a decidir hasta cuando. Y ahora lo sé... hasta que me duela el corazón.
Ahora me duele el corazón como una puntada, y a veces cuando lloro, quiere irse para estar contigo, allá mismo donde tú estas. No lo dejo. No debo.
Las relaciones extramaritales con amigos funcionan bien, hasta que uno de los dos cede; y mi cabeza no ha dejado de pensarte. Estoy perdida.
No quiero más.
Dormiré sola; si es necesario, me buscaré en otros labios o otros cuerpos.
Sabré sobrevivir por que ya llevo casi un mes sin tocarte. Eso es bueno. Tengo tiempo y tengo deberes que cumplir.
Tal vez en otra vida. Tal vez nunca más.
Te quise a lot.
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