
Un día como cualquiera, una amiga me invitó a participar en uno trabajos de verano organizados por la universidad donde estudié. Acepte la invitación, sólo por que no quería estar pendiente de la lentitud con la que pasan los días cuando llueve.
El objetivo del encuentro: construir casas a la gente de un sector rural en la X región.
No me hice ninguna espectativa, por que me prefiero sorprenderme.
Mis extrañas reglas de sociabilidad y de comportamiento son algo que no tranzo. Al ver tanta gente que no conocía no me importó, pero al rato, lo vería un poco menos claro.
Compartir baño, para mí es una limitante, por que me vejiga se inhibe; pero ya está, no había nada que hacer; salvo, levantarse temprano para ocupar la ducha con agua fría sola con mi alma.
Me asignaron un grupo de trabajo. Tres hombres, cuatro mujeres; el primer día con lluvia y todo, intenté colaborar y que mi desinterés no fuera evidente. Y no es que la ayuda comunitaria no me importe; sólo que soy un poco individualista y tanta gente a mi alrededor me confunde.
Puede que haya actuado con cierta frialdad, y es que no le puedo hacer la desconocida a mis pensamientos automáticos. Si mi terapeuta me escuchara, me diría que es temor al rechazo; aún no estoy segura de eso. Yo solamente creo que no todo siempre debe ser políticamente correcto y que la ciertas personas a veces no me interesan.
Me sentí fuera de lugar dos días, comiendo en bandejas de internado, compartiendo baños y dormitorio con mujeres desconocidas y además de todo, bancarme que todo el mundo me preguntara que fue lo que me pasó en el ojo. Puedo decir que todo tuvo un grado de suplicio, que fui a un trabajo de verano y que por lo demás, no me gustó.
Tal vez habría tenido un poco de placer, si es que para la fiesta de disfraces hubiesen tenido una danza del vientre.
La parte Asperger de mi cerebro es indivisible de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario