La idea de escribir siempre es atractiva, sobretodo cuando uno tiene mucho que contar y pocas oportunidades de verbalizarlas. Uno puedo escribir en una hora rota, en una servilleta, en una boleta, detrás de una revista, y ese es el trozo de papel más importante de ese día por que uno puede plasmar sus sueños, una lista pendientes, cosas perdidas, las metas para este año; nada más por el gusto de escribir.
Con el computador pasa algo similar. Si tienes un teclado y una pantalla, puedes escribir solamente para ti mismo. A diferencia que si ese equipo tiene conexión a Internet donde puedes escribir para ti y de paso ayudar al resto a ver si alguien coincide contigo en la vida. Y si es así, tanto mejor!
Y desde ese mismo instante. Puedes contar tu historia.
De pronto me he dado cuanta de que las dificultades de la vida dependen de cómo uno se las permita ver; a veces perversas y otras veces un soslayo de mala suerte, incluso de malas decisiones. Así de pronto es cómo cada cierto tiempo, me veo involucrada en pleitos, en discusiones, en insomnios y en malos días. Puede que se hayan entrelazado las vicisitudes de la vida con la suma maldad y arrogancia del pensamiento.
Vivir, no es un asunto que se me da fácil; tampoco hemos sido de las personas que han deseado morir a penas abren los ojos en las mañanas, digamos que al menos una vez al mes, suelo irme a la mierda, odiar por un día, llorar sin motivo, gritarle al mundo que no quiero hablar. Al menos una vez al mes decido morir por un día, solamente para ver qué pasa. Pienso que no pasaría mucho. Bueno, eso es otra de las tonteras que encierra este espejismo de sonrisas y amabilidad en el trabajo.
Han pasado varios años desde que abrí este instrumento para tirar mierda sin que nadie me mir ni me pregunté qué weá yo.
Siempre fue obediente, asustadiza, incluso un poco cobarde. No discutir, no pelear, no reclamar. Aguantar. Soportar. Llorar.
Mi adultez ha sido más dura que mi adolescencia. He sabido que es estar atemorizada, y ser superada emocionalmente, es más basureada. La vida nunca es fácil, pero vaya que si puede mandarnos a la mierda.
Y tan lejos de la realidad que hasta mis emociones me abandonaron, me dejaron sola, aquí donde vivía, solamente con mi cuerpo. Este cuerpo que también me abandonó.
Y es aquí donde comienza mi historia de supervivencia.
Venía teniendo ciertos signos que yo les llamaba, "mi autoflagelo". Estaba conforme con todo, no era perfecto pero tampoco un bodrio. Sin duda debí haber tenido cuidado con las palabras que decía. Tal vez, lo invoqué. Las llagas fueron persistentes y se quedaron por ahí, en mi tela; dejé de adorar al sol, porque me dolía, porque me consumía el dolor y la desesperación por arrancarlo con loas uñas descarnadas. Hasta que ya habían trascurrido al menos un par de meses y no había mucho que me recordara lo lisa y morena que me había visto. Me asusté y mucho.
Los médicos tuvieron temor por mí, pensaron que era cáncer. Y yo vi el temor en sus ojos; como cuando te miran con ojos como platos sin decir palabras. Así fue. Si los médicos te miran así es porque la cosa es grave, o no? Al menos uno piensa eso.
El dolor que estaba oscureciendo mi corazón, me cegó en la misma pena, mi piel ya no me pertenecía, había dejado de ser morena para ser herida, había dejado de ser linda para ser fea. Y quise morir. Muchos días seguidos. Todas las horas del día.
Me diagnósticaron por fin!! Después de medicamentos, corticoides, hinchadez que no era frecuente en mí, pomadas, cremas, aceites y curaciones de madre. Si hasta lloramos juntas. Porque este cuerpo no me pertenecía. Incluso ahora en mi negación de que aún soy llorona, se me quieren salir las lagrimas,..pero como hay otra gente en mi oficina me trago el llanto.
Así partió todo, desde el odio que llegué a sentir de mi misma, por no verme linda, por no ser como el resto, y recuerdo que veía películas y pensaba...que linda que tiene su piel, que parejito que tiene su color, y yo, con esas cicatrices que no me dejan vivir. Que no quiero vivir. Estuve con un medicamento durante al menos dos años, destinados principalmente para artritis, algo como una quimio, que si me embarazaba el feto podría gestarse con malformaciones. No tuve miedo, pero la impaciencia se me metió por los huesos que me quedaban y me quise mejorar. Y lo hice.
Estoy mejor, asumiendo mi enfermedad, haciéndome responsable y dándole la oportunidad de ser mejor persona a partir de mi muerte en dos segundos. Y creo que estoy apostando para eso.
Después de tanta destrucción; pienso, que el amor es lo que único que nos salva de la oscuridad, de la tristeza, y de la muerte. Es más ahora, le temo un poco a la muerte porque estoy enamorada. Porque ahora estoy a favor del amor. Just Amor.
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