No pretendo fingir, menos controlar, no quiero razonar, ni meditar, ni despertar, ni respirar.
Miro al cielo, y menos hay estrellas para pedirle deseos, para rezarle y para pedirle por mí buenaventuranza.
Me tiemblan las manos, apenas puedo escribir, se me corren las letras. La dermatitis de apodera de mis piel y me abandona la serenidad de estar en paz, nada es más desagradable que la espera, más aún la espera de alguien, de un tercero. Si fuera la mía, la haría cortita, a mi gusto, como yo quiero.
Estoy bloqueada por la angustia y por la depresión, podría tomar todas las pastillas que encuentre y aún así no podría morir.
Podría pasar una hoja de afeitar por mis muñecas y aún así sólo saldrían gotas saladas como lágrimas de mis heridas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario