viernes, 16 de octubre de 2015

Un día más

y SI...
 Las cosas de la codependencia van y vienen, algunas veces son más evidentes pero sin duda que me destruyen como si fuera la primera vez. Hace años (tal vez), alguien se me cruzó en el camino, una invitación a salir de practicamente un desconocido que me miraba a la distancia. Tengo la sensación aún de que no podía creer que esta morena de pelo enmarañado podía existir. Menos en algo tan banal como un bus interurbano. Las oportunidades se presentan, y uno las toma y otras veces , las deja pasar. Yo no sé lo que hubiese pasado si llego fnalmente a esa cita. Tal vez algo muy bueno, tal vez no tanto. Eso nunca nadie  lo sabrá. 
Independiente del tiempo hacia atrás que haya pasado es posible, que yo nada más tenia mi corazón dispuesto para el dijey de las noches del terror, y que nunca jamás le diera la importancia suficiente a estas otras oportunidades. 
 Y bueno, esta otra relación por supuesto que no iba a funcionar, por miles de cosas pero la más complicada es  por que yo lo quise cambiar. Y eso no fue imposible. Y no lo será. Lástima
El asunto es que yo, con todas las complicaciones que traigo encima, alguien, de toda esta cantidad de personas me miró; no hablemos de distancias, no hablemos de ciudades, no hablemos de nada de eso...solamente de que dos personas se conectan por algo, simplemente por que el universo, así lo quiso. La situación no es fácil, ni tampoco desconocido en qué terminó todo. De todas maneras, lo contaré. Estuve embobada con alguien que me dijo cosas bellas, que me hablaba en tiempo real, de un día volver a avernos, y de todas esas cosas mágicas que pasan en la guata cuando el coqueteo se aproxima. 
Funcionó un tiempo, esperanzas era mi segundo nombre, a pesar de que tambien todo jugaba en contra. La vida de una codependiente emocional es así...una pizca de atención, una pizca de cariño, una pizca de ...de lo que sea a estas alturas...si consideramos que un fracaso es un fracaso, y sobre todo un fracaso emocial y que te destroza dandote de patadas en el suelo. La mejor desición es dejarse querer, esperando absolutamente nada a cambio. Así la vida  y las actitudes de la gente te sorprende y uno le pide al universo lo que se merece.